Sabía que dentro de unos minutos saldrían a la luz todos mis sueños de adolescente. Conforme tecleaba en mi ordenador, una lucidez pasmosa se fue apoderando de mis recuerdos: el último sorbo de la primera cerveza, las inmersiones de 50 segundos en la bañera de casa, mis poemas de biblioteca, el descubrimiento de aquella intuición, la magia de la música compartida...Ya sólo quedaba cruzar los dedos y respirar hondo. -Este libro tiene muchas caras -pensó Harvard. -Esta cara tiene muchos libros- respondió el gato.